Como todos los primeros miércoles del mes Pensando Psicoanálisis da lugar a un espacio de presentación de casos e intercambio entre colegas. Estos Laboratorios clínicos están orientados a establecer un puente entre la clínica y la teoría favoreciendo el pensamiento colectivo.
Las siguientes reflexiones surgen a partir de la presentación de un caso cuyo motivo de consulta es enunciado como un problema de pérdida de memoria. En la presentación clínica también se refieren circunstancias relacionadas con la violencia de género. Este escrito no tiene como objetivo analizar el caso sino compartir algunas líneas de interrogación e investigación acerca de la función del olvido desde una lectura psicoanalítica que fueron evocadas a partir del material clínico. Lejos de ser concebido como una alteración de la memoria, el caso me invitó a pensar el no recordar y el olvido desde diferentes modelos metapsicológicos y clínicos, distinguiendo aquellos procesos vinculados con la represión de aquellos otros en los que predomina el vacío representacional producido por experiencias traumáticas.
El olvido como formación del inconsciente
Los primeros desarrollos freudianos (1898) sobre la desmemoria constituyen una referencia obligada para abordar este material. Tanto en Psicopatología de la vida cotidiana (1901) como en los trabajos sobre el olvido de los sueños (1900) y el olvido de nombres propios, Freud demuestra que los olvidos cotidianos poseen una legalidad psíquica y no responden al azar. Allí donde el sujeto supone una falla de la memoria, el psicoanálisis ubica un conflicto inconsciente.
Un aspecto particularmente interesante es la observación freudiana de que el esfuerzo voluntario por recordar suele fracasar. El recuerdo no reaparece mediante un incremento de la atención consciente, sino cuando esta disminuye y las asociaciones pueden desplegarse libremente. Freud muestra que, en numerosas ocasiones, la suspensión de la búsqueda deliberada facilita el retorno del recuerdo, mientras que la insistencia consciente contribuye a mantener el olvido.
En relación con el olvido de los sueños (1900), Freud también señala que el olvido no constituye un fenómeno secundario o accidental, sino una manifestación de los efectos de la represión. Aquello que el sueño consiguió expresar mediante deformaciones vuelve a encontrar obstáculos al momento de ser recordado, evidenciando la continuidad del conflicto psíquico.
La represión y el recuerdo sustitutivo
Otra línea de lectura remite al texto La represión (1915). Allí Freud sostiene que la represión no anula las representaciones psíquicas, sino que las mantiene separadas de la conciencia como efecto del corte del nexo con la representación de palabra y el trabajo permanente de la contrainvestidura. Lo reprimido conserva toda su eficacia y continúa ejerciendo una fuerza de atracción sobre nuevas representaciones susceptibles de entrar en conexión con él.
Desde esta perspectiva, el olvido deja de ser una pérdida definitiva para convertirse en el indicio de un proceso defensivo constante. Lo que retorna no suele ser el recuerdo original sino formaciones sustitutivas, desplazamientos o asociaciones aparentemente secundarias que permiten inferir la existencia del conflicto reprimido.
Asimismo, el destino del afecto desligado de la representación también persigue ciertos destinos. Aunque Freud describe con frecuencia su transformación en angustia, también se nombran otros que se conectan con el dolor, la apatía y otros afectos diversos.
Recordar, repetir y reelaborar
En Recordar, repetir y reelaborar (1914), Freud introduce una modificación para la técnica analítica: no basta con hacer consciente lo inconsciente, será necesario el trabajo de reelaboración de las resistencias. Menciona una presentación frecuente en la clínica: existen vivencias que el paciente no puede recordar porque no disponen de una inscripción representacional susceptible de devenir en palabras. En esos casos, aquello olvidado reaparece bajo la forma de la repetición en acto. También en el texto Freud nos indica que toda cura inicia con una repetición y que la transferencia es una pieza de repetición.
Esta perspectiva permite pensar que la transferencia constituye una modalidad privilegiada de memoria. El paciente recuerda actuando. Así, la repetición transferencial se convierte en una vía de acceso al material inconsciente cuando el recuerdo verbal todavía resulta inaccesible o requiere ser construido.
Cuando el olvido ya no responde solamente a la represión
La historia de violencia de género relatada en el caso clínico que motivó estas reflexiones también invita a sumar otras perspectivas del funcionamiento psíquico para dar cuenta de aquello que se enuncia como olvidado.
Parte de aquello que la paciente no puede recordar probablemente no corresponda a representaciones reprimidas, sino a experiencias que nunca alcanzaron un nivel suficiente de simbolización debido a la intensidad traumática. En este punto resultan especialmente valiosos los desarrollos de André Green (1986) sobre la clínica de lo negativo.
Green propone pensar que determinados traumatismos producen procesos de desinvestidura, vaciamiento psíquico y pérdida de la capacidad representacional. Allí donde falta la representación, el trabajo analítico ya no consiste en hacer consciente lo inconsciente, sino en favorecer la constitución misma de representaciones capaces de ligar afecto y vivencia para favorecer la capacidad representativa y así construir pensamiento - proceso secundario -.
En esta misma dirección pueden incorporarse los desarrollos de Jaime Lutenberg (2005) acerca del vacío mental. El autor describe organizaciones clínicas caracterizadas por importantes dificultades para simbolizar la experiencia emocional, predominando estados de desconexión, empobrecimiento asociativo y sensación de vacío subjetivo. En estos pacientes, el silencio o el "no recuerdo" no siempre constituyen resistencias interpretables, sino indicadores de zonas en las que hay vaciamiento o agujero representacional en el aparato psíquico.
La identificación con el significante "tonta"
Otro aspecto especialmente relevante del material clínico es la reiterada autodescripción de la paciente como "tonta", apropiándose del significante con el que era nombrada por su agresor.
Esta identificación puede comprenderse desde múltiples niveles. En primer lugar, constituye una identificación alienante al discurso del otro. Piera Aulagnier (1994) desarrolla esta problemática en Los destinos del placer, donde analiza cómo determinados procesos de alienación permiten disminuir el monto de sufrimiento psíquico. El deseo de alienarse encuentra su correlato en un otro que necesita producir esa alienación, estableciéndose una organización vincular donde la pérdida de autonomía aparece paradójicamente al servicio de la conservación del equilibrio psíquico.
Al mismo tiempo, dicha identificación organiza una modalidad específica del narcisismo. La desvalorización permanente termina estabilizando una imagen del Yo alrededor de un único significante identitario. Aunque dolorosa, esa identidad ofrece una forma de organización frente al riesgo de una mayor fragmentación.
También puede pensarse como una defensa anticipatoria. Presentarse como "tonta" antes de ser nuevamente descalificada por otro constituye una modalidad de clausura. El sujeto se retira anticipadamente del espacio del reconocimiento para disminuir el impacto de una eventual destitución proveniente del semejante.
El olvido como supervivencia
Otra línea de investigación consiste en pensar el olvido como un mecanismo de supervivencia frente al trauma.
Cuando predominan mecanismos disociativos, olvidar puede constituir una forma de ausentarse psíquicamente de experiencias cuya intensidad excede la capacidad de elaboración del aparato psíquico. En estos casos, el olvido deja de ser una falla para transformarse en una solución transitoria frente a un exceso traumático.
Desde la perspectiva de Aulagnier (1975), la violencia sostenida compromete progresivamente la capacidad del Yo para producir pensamiento propio. El discurso violento no solamente hiere al sujeto sino que coloniza sus posibilidades de significación, restringiendo la autonomía del pensar.
Algunas consecuencias para la técnica
Estas hipótesis poseen consecuencias directas para la dirección de la cura.
Cuando predominan procesos represivos, el trabajo analítico tenderá a favorecer el levantamiento de las represiones y la historización de aquello olvidado.
Cuando predominan procesos de vacío representacional, el objetivo inicial probablemente no consista en insistir sobre el recuerdo, sino en trabajar sobre aquello que aún permanece disponible. Antes que orientarse hacia un recordar imposible, la tarea consistirá en construir las condiciones transferenciales que permitan la metabolización (Aulagnier, 1975) de afectos, la producción de nuevas representaciones y, posteriormente, la elaboración de una historia.
En este sentido, la transferencia adquiere un lugar privilegiado. La paciente consulta específicamente a un analista con experiencia en violencia de género, señalando que el trauma se produjo en el interior de un vínculo profundamente asimétrico de poder. La posibilidad de construir una relación transferencial basada en la restitución del lugar de sujeto puede constituirse en una condición clínica indispensable para el trabajo posterior de historización (Aulagnier, 1975).
Referencias
Aulagnier, P. (1994). Los destinos del placer. Alienación, amor y pasión. Buenos Aires: Paidós.
Aulagnier, P. (1993). La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado. Buenos Aires: Amorrortu. (1975)
Freud, S. (1991). Proyecto de psicología (1895). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. I). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1991). La interpretación de los sueños (1900). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vols. IV-V). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1991). Sobre el mecanismo psíquico de la desmemoria (1898). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. III). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1991). Psicopatología de la vida cotidiana (1901). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. VI). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1992). Recordar, repetir y reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis II) (1914). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. XII). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1992). La represión (1915). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas (Vol. XIV). Buenos Aires: Amorrortu.
Green, A. (2006). El trabajo de lo negativo. Buenos Aires: Amorrortu. (1986)
Lutenberg, J. (2005). Teoría y clínica del vacío mental. Revista de Psicoanálisis de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis, (4). Recuperado de https://spp.com.pe/wp-content/uploads/2017/09/Lutenberg_4.pdf
El olvido como solución y como síntoma. Algunas líneas de investigación a partir de un material clínico
por Ileana Fischer
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